Cómo mejorar tu concentración



En los últimos años han aparecido muchísimas ideas sobre la forma de lograr mayor concentración, ya sea en los estudios como en el ámbito laboral.

Para quién haya investigado sobre el tema, el exceso de información puede resultar un poco abrumador.

Creo que sería interesante pensar en la concentración de una forma más intuitiva y práctica, sin tantas teorías sobre el comportamiento humano.
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¿Cuándo fue la última vez que estuviste completamente concentrado/a?. No hablo de una concentración aceptable, si no de estar inmerso en lo que estabas haciendo.

Concentrar significa juntar todo lo que tenés en un punto, en un objetivo o tarea.

Por más que te obligues a hacerlo en cualquier situación, tu cuerpo sabe cuándo concentrar sus recursos: cuando la situación lo requiere.

Claro que podemos citar el ejemplo de concentración de recursos en situaciones extremas, donde policias ven en cámara lenta, atletas logran hazañas sobrehumanas o personas comunes logran mucho más de lo que creían poder. Pero el precio de eso es una semana de cama, o engriparse y lo cierto es que no necesitamos tanta concentración para estudiar.

Seamos sinceros, ¿qué dice tu cuerpo cuando te sentás a estudiar?. Si concentrarse es una lucha eterna en cada intento de estudio, quizás es hora de reencontrar tus motivaciones.

¿Estoy diciendo que si algo cuesta entonces es porque no es lo que quiero?.

Para nada. El esfuerzo es un ingrediente imprescindible en cualquier tarea que lo valga, y no hay nada más satisfactorio que esforzarse por lo que queremos lograr.

Pero la vida es corta gente. Si vamos a esforzarnos, que sea por algo que realmente queremos y no por algo que se supone que hay que hacer, que nuestros padres o la sociedad nos muestran como el único camino.

Si este no es el primer artículo que leés buscando cómo mejorar la concentración, quizás es hora de que descubras la concentración por cuenta propia. Encontrá qué es lo que te hace levantarte de la cama a la mañana, y tu cuerpo va a empezar a concentrar sus recursos.

Concentrarse es actuar con la convicción de que lo que estás haciendo es importante para tu vida, cuando eso ocurre, el resto fluye.

Artículo publicado en Opinión Sur Joven

¡Hola a todos! Hace un tiempo que no nos leemos, ¿verdad?

Les cuento que la gente de Opinión Sur Joven (publicación virtual que llega a 70.000 personas de todo el mundo, dirigida exclusivamente por jóvenes) me otorgó el honor de publicar un artículo en su edición número 33.

Aquí el link. ¿Cómo compatibilizar trabajo, estudio y vida personal?

Probablemente este será el último artículo del año, espero que lo disfruten (al artículo y al final del año).

¡Un abrazo grande!

Ar

Manejar la ansiedad al preparar un examen.



Hace algún tiempo decidí ponerme a observar sobre lo que ocurre cuando nos acercamos a un examen con el día a día de la preparación. Una de los principales obstáculos que encontré a la hora de vivir además de llevar una carrera universtiaria es esa crónica sensación constante de “no llego” que nos comienza a invadir en los momentos en los que estamos tratando de hacer otra cosa. Es una sensación que parece recriminarnos la media hora de descanso que nos tomamos, y que como hemos visto, es tan necesaria para rendir más. Entonces, analicemos algunos aspectos de esa interferencia en el resto de nuestras vidas para ver si la podemos minimizar o eliminar:
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No hay forma de asegurar que vamos a llegar al examen con todos los contenidos aprendidos.
Creo que esta es una de las primeras verdades a enfrentar. La ansiedad ante un examen se genera por la necesidad de completa seguridad. Dado que aprender es adquirir estructuras y dinámicas nuevas, que no conocemos, es imposible determinar un tiempo de asimilación para todas ellas. Sabemos que con la práctica y con otras ayudas, es posible disminuir ese tiempo, pero nunca vamos a tener la certeza de llegar con todo.

Por eso, tenemos que reemplazar esa angustia por la certeza de que vamos a llegar lo mejor preparados que podemos en el tiempo que tenemos (y esto incluye lo que nos permita hacer lo que estamos haciendo en nuestra vida además del estudio).


Para lograr esa certeza necesitamos confiar en nuestra capacidad de estudio.


Algunas ideas que contribuyen a crear esa certeza:


1. No todos los contenidos de un examen son igual de importantes para aprobar.
Si queremos sentir que avanzamos en el estudio, es importante conseguir exámenes con los temas que más se toman y priorizar la importancia que ellos van a tener para aprender primero los más importantes y luego, si hay tiempo, otros (estoy desarrollando un pequeño sistema de clasificación que algún día postearé).

2. La frecuencia de las sesiones de estudio es fundamental.
Una de las causas principales de esa angustia que nos invade toda la semana es la idea de que todo depende de ese fin de semana antes del examen, o los dos días que nos tomamos del laburo. Eliminar eso es simple y no requiere más que la costumbre de tomarnos un rato cada día y aunque no podamos estudiar mucho, vayamos sumando todos los días un poco.

3. The big picture: La idea general.
Una forma de encarar el estudio es como haciendo un zoom: empezar leyendo rápido, por encima, pero entender la idea o la estructura general de lo que estamos estudiando. Eso nos permite luego relacionar cada partecita que vamos estudiando con el todo. Relacionarlo con cosas que están más adelante (que no tenemos con tanto detalle pero de las que nos damos una idea) nos permiten acelerar el proceso de unir conceptos y sintetizar. Claro que debemos moderar el uso de este aproximamiento con el del punto 1: integrar una función es integrar una función y por más que tengamos una “idea general” de nada nos servirá si no conocemos el procedimiento.


4. Eliminar la idea del todo o nada.
¿Recuerdan la última vez que no estudiaron casi nada y se mandaron al examen igual, tranquilos de saber que lo más probable es que no aprobarían? Muchas veces uno sale aprobado de ese exámen. ¿Por qué? La eliminación de esa constante necesidad de seguridad y el arriesgarse con lo que uno sabe, se lleva consigo esa irritante advertencia de “no sé todo” y nos permite relajar.
¿Pero cómo combinar esa calma con una preparación digna?

Sin pensar que si nos va mal todo lo que hicimos ya no sirve, recordando que el proceso de aprendizaje es acumulativo y todo lo que estudiamos nos queda para el próximo intento (además de tener una idea mucho más certera de lo que se nos va a tomar y cómo).


En síntesis, concretar. Tenemos que reemplazar esa emoción indefinida y molesta de “no estoy haciendo lo que debería” por la certeza de qué es lo próximo que vamos a hacer para resolver el problema. Las herramientas arriba descriptas son sólo algunas, pero apuntan a lo mismo: a aprender a cambiar una emoción desgastante que no tiene ninguna utilidad por decisiones concretas que apuntan a lograr lo que queremos.